Lo que más llama la atención al llegar es el perfecto orden “desordenado” del tráfico, de la gente cargada de cosas de aquí para allá. Las motocicletas en continuo movimiento transmiten una especie de nerviosismo social que, pasadas unas horas, deja de ser cierto.
Tranquilidad en el ambiente, un sosiego que parece estructurado por su comportamiento, por la mirada de los vietnamitas, por sus costumbres.
El hormigueo de las ciudades contrasta con la serenidad de las zonas montañosas en un país sin prisas y, a juzgar por lo que vi, entusiastas con y por todo lo que hacen.
Trabajadores, aplicados, ordenados, disciplinados, atentos, amigables… y un largo etcétera de adjetivos.
Ni una sola mala mirada ni el más mínimo atisbo de violencia en una sociedad carente de casi todo. Será el orden comunista o la cultura oriental, pero son bien distintos de nosotros, los occidentales.
Intentaba colgar algunas fotos ordenadas con criterio de personas, paisajes o las rutas de las motos, pero llegué a la conclusión de que las subiré tal y como las hice, mezcladas, perfectamente en un orden “desordenado”, para honra del país de Ho Chi Minh
El álbum completo











































































































































